Cecil Taylor:
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PABLO ZIFFER - CLASES PIANO
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viernes, 4 de mayo de 2012
Ravel - Debussy: Thibaudet Masterclass
Claude Debussy - En blanc et noir
Maurice Rave - Rapsodie Espagnole
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jueves, 3 de mayo de 2012
Ravel: Le Tombeau de Couperin
Ravel orquestó más tarde cuatro de estas piezas, estrenadas en esta forma en febrero de 1920 y se encuentran en el orden Prélude, Forlane, Menuet y Rigaudon.
Casi 80 años más tarde, el pianista y director de orquesta húngaro Zoltán Kocsis comenzó a orquestar las dos partes restantes, la Toccata y Fuga.
Esta es la versión completa orquestal que se puede escuchar aquí, interpretada por la Orquesta Filarmónica Nacional de Hungría dirigida por Zoltán Kocsis.
La imagen del vídeo es una vista parcial de un dibujo de Ravel que adorna la partitura original.
El orden es el siguiente:
[00:00] Prélude ("à la mémoire du lieutenant Jacques Charlot");
[03:08] Fugue ("à la mémoire du sous-lieutenant Jean Cruppi");
[06:20] Forlane ("à la mémoire du lieutenant Gabriel Deluc");
[12:23] Rigaudon ("à la mémoire de Pierre et Pascal Gaudin");
[15:24] Menuet ("à la mémoire de Jean Dreyfus");
[20:32] Toccata ("à la mémoire du capitaine Joseph de Marliave").
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miércoles, 2 de mayo de 2012
Armonía Clásica Introducción 11
El
Ciclo o Círculo de Quintas.
La
relación de quinta es entonces la única capaz de proporcionar un
orden lógico a todos los elementos de la escala, excluyendo todo
elemento extraño.
Presentados
en este orden, que podemos representar con un círculo, los sonidos
se reparten naturalmente en diatónicos y cromáticos.
Las
diferentes denominaciones que el uso del sostenido y el bemol nos
obliga a emplear para un mismo sonido, se superponen en un mismo
punto. Los sonidos primarios de dos escalas relativas de modo
diferente (do y mi, por ejemplo) son ubicados simétricamente, y
estos modos en sí no son más que un cambio de dirección.
Finalmente,
cada uno de los sonidos de nuestro sistema se presenta como una
suerte de equilibrio armónico entre sus dos vecinos, situados a
igual distancia, uno a la quinta superior, el otro a la quinta
inferior.
El
genio creador del músico viene a romper y restablecer
alternativamente este equilibrio inestable, mediante todos los
artificios que le sugieren su ciencia e inspiración.
Pero,
por más complicado que pueda parecer el proceso empleado para la
ruptura o el restablecimiento de este equilibrio, el movimiento que
resulta no puede ser más que una oscilación hacia un lado o al
otro: hacia las quintas agudas o hacia las quintas graves, como
podremos darnos cuenta por el estudio de la Tonalidad y de la
Modulación.
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Armonía Clásica Introducción 10
Rol
respesctivo del Armónico 3 (quinta) y del Armónico 5 (tercera) en
la Géniesis de la Escala.
Quedan entonces los armónicos 3 y 5, que, con sus múltiplos, alcanzan a generar,
no solamente el Acorde, sino todos los sonidos de nuestro sistema
musical moderno.
Sin
embargo, la importancia de cada uno de estos dos números es bien
diferente en la génesis de la escala.
Si
hacemos uso de hecho de la relación 5 (tercera mayor), no llegamos
en absoluto a una escala completa.
En
resonancia superior, por ejemplo, la tercera mayor de la tercera
mayor (1/5 de 1/5) es un sonido nuevo (sol #, en relación al do
primario) utilizable en nuestra escala; pero la tercera mayor (si#)
de este último sonido reproduce bastante cerca (menos de tres
vibraciones por ciento por segundo) una octava del sonido primario
do, que nuestro oído no sabría apreciar la diferencia entre estos
dos sonidos.
La
misma operación practicada en la resonancia inferior, es decir de lo
agudo a lo grave, no determinaría tampoco nuevos sonidos.
Encontraríamos los mismos tres sonidos que previamente (mi primo, do
y sol# o lab,) y más allá un fab, prácticamente imposible de
distinguir del mi, octava del sonido primario.
Muy
diferente es el resultado, cuando se opera con la más simple de
todas las relaciones musicales, el número 3, la Quinta.
Tanto
trabajando hacia lo grave como hacia lo agudo, cada quinta nueva (1/3
de la quinta precedente) produce un nuevo sonido, que, por una simple
transposición de octava, viene a tomar lugar en nuestra escala
cromática: es solamente después de haber generado doce sonidos de
esta escala, que reencontramos por la vía de las quintas, el sonido
final (si#, por ejemplo) confundido por nuestro oído con el sonido
primario do, en virtud de esta tolerancia de afinación debida a la
imperfección bien humana de nuestro órgano auditivo.
[Entre
los sonidos obtenidos, sea por la serie de terceras (sol# tercera de
mi, con respecto al do primario, por ejemplo), sea por la serie de
quintas (sib, quinta grave de fa, con respecto a do primo, por
ejemplo) y los sonidos temperados normales, no hay ninguna diferencia
de afinación prácticamente apreciable. Hay solamente una brecha de
cálculo puramente teórico, y sin ningún efecto notable sobre los
mismos sonidos.
Es
bien distinto sin embargo entre estos mismos sonidos temperados y los
de los sonidos armónicos que nuestro oído rechaza, por los motivos
que acabamos de exponer. Sus distancias de afinación son
perfectamente apreciables, y tornarían impracticable una sustitución
de unos por otros.
Podemos
juzgar con el ejemplo siguiente:
En
la octava media afinada con diapasón normal, el sib temperado,
corresponde a un número de vibraciones igual a 460,8 por segundo:
el sib de la serie de quintas difiere solamente por un poco menos de
dos vibraciones, porque es igual a 459.
Este
sib, quinta grave de la quinta grave, respecto del do temperado,
soporta ya dos errores que se suman; la diferencia en esta octava,
entre la quinta temperada y la quinta exacta no llegan a una
vibración por segundo, sobre números que pueden variar entre 250 y
500 vibraciones.
La
observación, incluso la más superficial, de la afinación de
instrumentos de música nos revela alejamientos notablemente más
grandes, ya sea entre dos ejecutantes, tocando o cantando lo más
justo posible, o entre dos notas rigurosamente afinadas entre sí a
la octava o al unísono, sobre instrumentos de afinación fija, como
el piano, el órgano, la flauta, etc. y la limpieza de la ejecución
no se ve perjudicada en lo más mínimo.
El
séptimo armónico al contrario presenta, con respecto al mismo sib
temperado, una diferencia que sobrepasa las ocho vibraciones por
segundo, ya que es igual a 452,6. Es entonces notablemente más bajo,
y ningún oyente toleraría sin protestar un alejamiento de esta
importancia entre dos ejecutantes cualquiera de una orquesta o un
conjunto vocal.
Este
ejemplo, el cual podría aplicarse a todos los sonidos temperados, es
suficiente para reducir a su valor toda una categoría de objeciones
engañosas, elevadas por hábiles teóricos, en nombre de la
exactitud matemática, con el objeto de invalidar ciertos principios
físicos y metafísicos basados en las relaciones de las vibraciones,
y principalmente sobre la ley de quintas.
La
explicación racional de nuestro sistema musical por las doce
quintas, no deja de perdurar como la más satisfactoria, entre todas
la teorías a las cuales ha dado lugar hasta ahora la génesis de
nuestra escala actual.]
martes, 1 de mayo de 2012
Armonía Clásica Introducción 9
Las
relaciones simples.
El
oído humano, en efecto, procede siempre por las vías más simples
en el trabajo reflejo de comparación y clasificación, por el cual
aprecia las relaciones de los sonidos.
La
impresión especial de reposo y de satisfacción que provoca en
nosotros el escuchar el acorde perfecto, basado en las relaciones de
las vibraciones más simples de todas, es la mejor prueba de la
tendencia de nuestro espíritu.
No
es sorprendente que ya que el oído humano prefiere a los armónicos
naturales 7, 11, 13, -más complicados que los del acorde perfecto,
3, 5,- sonidos donde la relación de afinación puede establecerse
con los elementos mismos de este acorde, es decir con los más
simples de los números: 3 y 5.
Si
entonces el oído tiende a sustituir, al armónico 7 de la resonancia
superior por la nota sib de nuestro sistema temperado, esto se debe a
que ésta es la quinta de la quinta grave (1/3 de 1/3) del sonido
primario Do; es decir que las vibraciones del sib son a las de do
como las de do son a las de re, o como 1 es a 9.
La
relación de 1 a 9, es decir del tercio del tercio, es más
fácilmente apreciable que la del 1 al 7.
Podemos
explicar de la misma manera la preferencia de nuestro oído por el
verdadero fa#, tercera mayor (1/5) de re, más alto que el armónico
11, o por el sol#, tercera mayor de mi, más bajo que el armónico
13, etc.
Este
razonamiento matemático corrobora plenamente el hábito de nuestro
oído, que excluye instintivamente de nuestro sistema musical todos
los sonidos armónicos correspondientes a los números primos y a sus
múltiplos, a excepción de los números 3 y 5, constitutivos del
Acorde.
Así
se encuentran sucesivamente eliminados de la serie ilimitada de
números armónicos:
1°
los números pares (múltiplos de 2), como duplicaciones de octava;
2°
los números primos por arriba de 7 inclusive, así como sus
múltiplos, como demasiado complicados para nuestro oído.
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Armonía Clásica Introducción 8
Génesis
de la Escala.
Es
necesario, para constituir el Modo, además de las notas del Acorde,
los grados complementarios de la escala, los cuales no se originan
directamente de los fenómenos de la resonancia natural.
Podemos
evidentemente seguir después del sexto sonido, hacia el agudo o
hacia el grave, las dos experiencias anteriores; pero obtenemos así,
en lugar de una escala regular, una sucesión indefinida de sonidos,
de los cuales los intervalos se tornan de más en más pequeños, y
las relaciones de más en más complicadas.
En
esta serie, ilimitada como la de los números, solo los sonidos
armónicos impares, presentan intervalos nuevos; los otros no pueden
ser en efecto, más que duplicaciones de octave de los precedentes.
Muchos
de estos intervalos nuevos son completamente extraños a nuestro
sistema de escala, y no pueden siquiera reproducirse en nuestro
sistema de afinación: tales son los armónicos 7, 11, 13, 14, que
figuran en negro en la imagen anterior, y, más allá del 16, un
número todavía creciente.
Los
sonidos 7 y 11 de la resonancia superior, por ejemplo, son
notoriamente más graves que las notas sib y fa# de nuestra escala; el
sonido 13 es al contrario más alto que nuestro lab, etc.
Estas
particularidades se reencuentran en un sentido inverso en los
armónicos correspondientes a la resonancia inferior: los sonidos 7 y
11 son acá más altos que el fa# y el sib de nuestra escala; el
sonido 13 es más bajo que que nuestro sol#, etc.
La
impresión penosa y confusa que nos producen estos sonidos 7, 11, 13,
etc., y la tendencia marcada de nuestro oído a sustituirlos por los
sonidos cromáticos temperados: sib, fa#, lab, etc., resultan sin
duda de un hábito adquirido, es decir, de nuestra educación
musical.
Es
interesante de todas maneras constatar que este hábito o instinto,
tienen su razón científica.
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Armonía Clásica Introducción 7
Los
Dos Aspectos de la Escala - Los Modos.
Ya
que el acorde incorrectamente calificado como menor reproduce en
orden inverso los elementos constitutivos del acorde llamado mayor,
debería ser lo mismo para las escalas correspondientes a las dos
formas.
Nada
es más verdadero: basta en efecto disponer en su orden normal, del
grave al agudo, los sonidos de la escala diatónica, tomando como
punto de partida el sonido primario Do, de la resonancia armónica
superior, y de disponerlas luego inversamente, de lo agudo a lo
grave, partiendo del sonido primario Mi, de la resonancia armónica
inferior, para constatar la perfecta simetría de estas escalas
musicales:
Todos
los elementos de la primera (A), que constituye nuestra escala mayor,
se encuentran en la otra (B), pero en orden inverso.
Estamos
entonces autorizados a considerar esta escala descendente desde el Mi
hasta el Mi como la verdadera escala relativa de la de Do mayor, como
el tipo del modo menor.
Esta
concepción del modo menor no es para nada nueva: un gran número de
monodias antiguas y medievales estaban escritas en este modo. Es
solamente hacia la época del S XVII que, por una falsa aplicación
de las teorías armónicas, que relacionando todo al bajo, se la ha
sustituido con nuestro modo menor actual, con su tipo de escala
híbrida e irregular.
Lo
que para nosotros constituye el Modo, es simplemente el sentido según
el cual se encara el Acorde y su escala correspondiente: dependiendo
de si se toma como punto de partida la nota primaria de la resonancia
superior, o la de la resonancia inferior, el modo será mayor o
menor, para emplear estos términos impropios, que el uso ha
consagrado.
El
Modo, como el Acorde, que brinda sus intervalos característicos, es
entonces único en principio, y susceptible de tomar dos aspectos
diferentes y opuestos.
Armonía Clásica Introducción 6
Los
Dos Aspectos Del Acorde
Hay
entonces una simetría completa entre las dos resonancias armónicas
que proporcionan los intervalos constitutivos del Acorde.
Estos
intervalos, lo hemos constatado, son siempre los mismos: quinta,
tercera mayor.
El
Acorde, resultante de su combinación, es entonces único en
principio, como hemos afirmado anteriormente, ya que está siempre
compuesto por los mismos elementos. Se presenta sin embargo bajo dos
aspectos diferentes, dependiendo si es generado por la resonancia
superior o por la resonancia inferior.
En el
primer caso, los intervalos se producen del grave al agudo: el sonido
primario, al cual relacionamos los los otros, es el más grave de los
tres, y el acorde es llamado entonces mayor.
En el
segundo caso, los intervalos se producen de lo agudo a lo grave: el
sonido primario es el más agudo de los tres, y el acorde es llamado
entonces menor.
Cuando
acercamos sus notas constitutivas, el Acorde presenta una
superposición de intervalos de terceras mayor y menor:
está
siempre constituido por los mismos elementos. Sólo, el orden de
superposición determina la diferencia entre sus dos aspectos.
La
preponderancia atribuida por los armonistas a la nota grave [Esta
preponderancia se remonta al establecimiento del bajo continuo, uno
de los principios del Renacimiento que más ha contribuido a falsear
el estudio de la armonía.] ha
hecho considerar generalmente la más grave de las dos terceras como
característica del acorde: de ahí las denominaciones de mayor y
menor aplicadas indistintamente a los acordes perfectos, a las
escalas o a los modos. Estas denominaciones son poco justificadas
porque en el acorde llamado menor, el cual no es en absoluto más
pequeño que el otro, la nota principal o primaria es la más aguda
de las tres: y es entonces ésta la que debe ser tomada como punto de
partida, no solamente para el acorde, sino también para la escala
que se desprende, en virtud de la ley de simetría que rige los
fenómenos de la resonancia armónica.
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Armonía Clásica Introducción 5
Resonancia
Superior – Acorde Mayor
Supongamos,
por ejemplo, que el sonido más grave emitido por una cuerda
convenientemente tensada sea el Do:
esta
cuerda, ejecutando en toda su longitud un número determinado de
vibraciones por segundo, presenta entre sus dos extremidades una
suerte de abultamiento que podemos, exagerando, representarlo de la
manera siguiente:
Es
suficiente con tocarla, incluso muy suavemente, en la mitad de su
longitud, para determinar inmediatamente vibraciones parciales en
cada una de sus mitades, de un lado y del otro del punto tocado. Este
fenómeno, bien conocido por quienes tocan instrumentos de cuerda,
tiene como efecto duplicar el número de vibraciones y de elevar el
sonido emitido una octava:
la
cuerda toma ahora el aspecto siguiente:
y
continúa vibrando en la octava aguda, incluso después de haber
dejado de tocarla en la mitad.
[Una
vez más habría que insistir en el carácter esencialmente natural
de los fenómenos de la resonancia armónica que estamos tratando.
Los
cuerpos sonoros tienen una verdadera predisposición a vibrar
preferentemente en sus partes alícuotas más simples (1/2, 1/3,
etc.) y a hacer escuchar sus armónicos consonantes (octava, quinta,
etc.).
La
mayoría de los instrumentos de viento no producen más que sonidos
armónicos. El órgano sólo utiliza los sonidos fundamentales;
Incluso la emisión de estos sonidos presenta a veces, en los
registros graves, verdaderas complicaciones a los constructores.
En
cuanto a las cuerdas, su propensión a vibra parcialmente es casi
manifiesta. Acabamos de ver que el número de vibraciones de la
octava superior, con respecto al sonido tomado como punto de partida,
es rigurosamente igual al doble. Parecería lógico que el fenómeno
de la octava armónica no pueda realizarse sobre una cuerda tensada
sino por la división en dos partes rigurosamente iguales. La
experiencia demuestra por el contrario que esta división puede
soportar un margen de desplazamiento considerable, sin modificar el
sonido producido.
¿Quién
podría calificar de exacto (en el sentido matemático de la palabra)
la operación que consiste en tocar una cuerda en su parte media con
el espesor de la mano, como lo hacen los arpistas, o con el largo del
dedo, como lo hacen los violinistas, para hacer escuchar la octava
armónica?
La
justeza de los sonidos así emitidos, de alguna manera
automáticamente, proviene entonces sin duda, de un fenómeno
natural, independiente de la dificultad, o mismo de la imposibilidad,
que encontramos en producir los armónicos más elevados, más allá
de un cierto límite variables según los instrumentos.
Siendo
esta suerte de emisión automática impracticable de la misma manera
para los armónicos inferiores, se ha creído poder rechazar su
carácter natural, su existencia e incluso la legitimidad de las
deducciones relativas a lo que se ha convenido en llamar resonancia
inferior. La lectura de lo que sigue al respecto de la resonancia
inferior será suficiente para mostrar el valor de esta objeción.]
La
misma operación puede hacerse también tocando la cuerda en un
tercio de su longitud:
el
número de vibraciones es triplicado; la cuerda suena una quinta
arriba:
el
número de vibraciones es quintuplicado; la cuerda suena a una
tercera mayor:
al sexto de su longitud:
al sexto de su longitud:
el
número de vibraciones es sextuplicado; la cuerda suena a una octava
arriba de la quinta:
Cada uno de estos sonidos continúa, como la primera octava a hacerse escuchar naturalmente, en tanto la cuerda vibre: es el fenómeno conocido con el nombre de resonancia armónica superior.
Cada uno de estos sonidos continúa, como la primera octava a hacerse escuchar naturalmente, en tanto la cuerda vibre: es el fenómeno conocido con el nombre de resonancia armónica superior.
Los
seis primeros sonidos así obtenidos forman, con respecto al sonido
generador, los intervalos de octava, quinta, doble octava, tercera
mayor, octava de la quinta:
Suprimiendo las duplicaciones, se reducen a tres:
de los cuales la emisión simultánea constituye la armonía designada comunmente con el nombre de acorde perfecto mayor.
Resonancia
Inferior – Acorde Menor
Tomemos
ahora una cuerda tal que la sexta parte de su longitud total produzca
un sonido determinado: por ejemplo, el mi agudo,
que caracteriza al acorde mayor engendrado por la experiencia precedente. Es suficiente, lo hemos visto, tocar ligeramente la cuerda en el punto conveniente, para determinar el número de vibraciones correspondientes a este mi, que tomaremos como punto de partida, sin preocuparnos por el resto de la cuerda, en puntillado en la figura que sigue:
[En
esta segunda experiencia, hemos considerado la fracción de cuerda
tomada como punto de partida como igual a 1/6, con la intención de
fijar bien las ideas, y de tornar nuestra demostración más
accesible a quienes estén menos familiarizados con los razonamientos
matemáticos. Es conveniente siempre observar que esta experiencia no
es completamente realizable en las condiciones anteriormente citadas.
Para
obtener la resonancia natural,
en
efecto, es necesario
que la parte que vibra de la cuerda sea al mismo tiempo parte
alícuota, es decir igual a 1/2, 1/3, 1/4, 1/5, 1/6, etc... 1/n.
El
caso se verifica cunado se dobla la longitud tomada como unidad:
1/6 +
1/6 = 2/6 = 1/3, parte alícuota;
y
cuando se la triplica:
1/6 +
1/6 + 1/6 = 1/2, parte alícuota;
pero
ya no se verifica más cuando se cuadruplica:
o
cuando se la quintuplica:
1/6 +
1/6 + 1/6 + 1/6 + 1/6 = 5/6, irreducible.
En
estos últimos dos casos, los armónicos inferiores no pueden
entonces producirse naturalmente, tocando ligeramente la cuerda en el
punto conveniente. Es por esta razón que escogiendo el largo 1/6
como punto de partida, no estamos preocupados por el resto de la
cuerda.
De
todas maneras no habría que concluir que esta segunda experiencia ha
sido hecha por necesidades de la causa y que por eso no se basa en
hechos reales.
Podría
elegirse una curda 10 veces más larga, y tomar como punto de partida
una fracción igual a 1/60, es decir un largo igual al que hemos
tomado, y entonces podría constatarse que el fenómeno de la
resonancia inferior se verifica práctica y naturalmente sobre toda
la extensión de la cuerda.
En
efecto, cada largo correspondiente a un sonido del acorde menor es al
mismo tiempo parte alícuota de la cuerda, a saber:
el
mi, primario .............. = 1/60
el
mi, octava grave .............. = 2/60 = 1/30
el
la, quinta grave .............. = 3/60 = 1/20
el
mi, doble octava grave .............. = 4/60 = 1/15
el
do, tercera mayor grave .............. = 5/60 = 1/12
el
la, octava de la quinta grave .............. = 6/60 = 1/10
Duplicando
el largo de la parte vibrante,
disminuiremos
la mitad del número de vibraciones, y el sonido bajará una octava:
Triplicando
el largo,
el
número de vibraciones descenderá al tercio, y el sonido a la quinta
grave.
Cuadruplicando
el largo,
el
número de vibraciones será del cuarto, y el sonido será la doble
octava grave.
Quintuplicando
el largo,
el
número de vibraciones será del del quinto, y el sonido será la
tercera mayor grave.
Finalmente,
sextuplicando el largo de la cuerda tomada como punto de partida,
el
número de vibraciones, reducido al sexto del primer número,
corresponderá en el grave, a la octava de la quinta.
En
esta segunda experiencia, deberíamos obtener entonces,
sucesivamente, sonidos cada vez más graves, presentando entre ellos
mismos intervalos como en la experiencia precedente, pero a la
inversa: octava, quinta, doble octava, tercera mayor, octava de la
quinta.
Es el
fenómeno de la resonancia harmónica inferior:
Estos
seis se reducen a tres:
los
cuales escuchados en forma simultánea producen la armonía conocida
con el nombre de acorde menor.
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Armonía Clásica Introducción 4
Nociones
de Acústica
Las
leyes que rigen las relaciones de los sonidos, es decir de las
relaciones entre las vibraciones, son del dominio de la ciencia, más
específicamente de la acústica.
El
estudio de los movimientos vibratorios es una muy vasta de la física:
no es necesario ahora involucrarse. De todas maneras es útil
exponer brevemente lo que concierne a las vibraciones sonoras.
Todo
cuerpo posee en diferentes grados la capacidad de vibrar, es decir
que sus moléculas constitutivas, separadas por una causa exterior
cualquiera de su punto de equilibrio natural, tienden a volver a
través de una serie de oscilaciones de más en más pequeñas de un
lado y otro de este punto.
Estas
oscilaciones o vibraciones son comparables al movimiento de un
péndulo alejado con la mano de su posición vertical y luego
soltado.
Las
vibraciones sonoras se propagan a través de un medio elástico (el
aire, generalmente) que choca con nuestro oído y constituyen el
sonido.
Se
utilizan para la producción de los sonidos musicales, cuerpos
sólidos (metales, madera, cueros) puestos en vibración por la
percusión (timbales, piano), o por el frotamiento (instrumentos de
arco) o por el pinzamiento (arpas, guitarras), o una columna de aire
limitada dentro del interior de un tubo rígido (instrumentos de
viento, órgano).
En
esta última categoría de instrumentos, no es como a veces se cree,
el tubo el que vibra, sino la columna de aire. Esta se comporta
sensiblemente como una cuerda tendida entre dos puntos fijos.
Se
concibe que la puesta en vibración de esta especie de cuerda aérea
no pueda operarse ,mediante los procedimientos utilizados para con
los cuerpos sólidos: se obtiene por el soplido, humano o artificial,
bajo ciertas condiciones de tensión y de emisión.
Las
formas de producción del sonido varían entonces según la
naturaleza del cuerpo vibrante, pero los fenómenos sonoros son
idénticos.
El
número de vibraciones que un cuerpo puede producir en un espacio de
tiempo determinado está en relación directa y rigurosamente
constante con la acuidad del sonido que resulta. Así, a la cantidad
de 435 vibraciones por segundo, por ejemplo, corresponderá siempre
un sonido idéntico: el La del diapasón normal, cualesquiera sean la
materia vibrante y la intensidad de la emisión.
Todo
cuerpo sonoro puede hacer escuchar una infinidad de sonidos de
acuidad diferente, sin que sea necesario provocar un cambio en sus
dimensiones, su tensión, su temperatura, su densidad, etc…
Sin
que ninguna de esas condiciones sea modificada, un cuerpo que vibra
aisladamente en toda su extensión hace escuchar un sonido
invariable, el más grave de todos los que es capaz de emitir.
Este
sonido da nacimiento a todos los otros más agudos, y determina su
entonación relativa, en virtud de leyes inmutables sobre las que
reposa todo nuestro sistema armónico, como lo veremos por las
experiencias siguientes.
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Armonía Clásica Introducción 3
El
Acorde
El
acorde consiste en la emisión simultánea de varios sonidos
diferentes, en donde las relaciones de alturas (frecuencias) están
determinadas por la resonancia natural de los cuerpos sonoros.
El
acorde, siendo el principio generador de la armonía, no debiera ser
su finalidad.
Las
combinaciones llamadas acordes en los tratados de armonía no
constituyen finalmente un objetivo, ya que no tienen existencia real:
son medios armónicos, artificiales la mayor parte de la veces.
[Sólo
hay musicalmente un acorde]
El
estudio de las melodías nos revela la existencia de las relaciones
de entonación, de relaciones o intervalos percibidos por nuestro
oído, en virtud de una facultad desarrollada por la educación
musical.
Se
establece en efecto en nuestro entendimiento, entre las notas
consecutivas de una melodía aislada, una perpetua comparación, la
cual se aplica igualmente a las notas simultáneas de dos o más
melodías concomitantes.
Las
relaciones de estos sonidos se manifiestan entonces a la vez en forma
melódica y armónica.
En
este trabajo inconsciente de comparación y clasificación, cada nota
toma, en virtud de su relación con las demás, un valor al cual le
debe su significado y efecto estético.
Igualmente
en las relaciones melódicas como en las armónicas, este valor puede
ser absoluto o relativo.
Una
nota de la cual apreciamos su valor absoluto es llamada prima, ya que
constituye un punto de partida al cual referimos las otras notas para
juzgar su valor.
Una
nota de la cual apreciamos su valor en relación a otra es llamada
derivada (segunda, tercera, quinta, etc.).
Llamamos
intervalo la relación existente entre la altura de dos sonidos.
La
altura o frecuencia de un sonido varía según la cantidad de
vibraciones sonoras que lo constituyen.
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Armonía Clásica Introducción 2
Orígenes
de la Armonía
Diafonía
– Discanto – Contrapunto – Polifonía
Por
motivo de la estructura de sus órganos vocales, los niños y las
mujeres cantan normalmente en una octava más aguda con respecto a la
voz de los hombres.
Una
cantilena monódica, ejecutada por un conjunto de personas de edades
y sexo diferentes, no constituye de ningún modo, como se dice
comunmente, un canto al unísono, sino una verdadera sucesión de
octavas.
Esta
disposición, a causa de una razón fisiológica, está desprovista
de cualquier carácter armónico, ya que sólo presenta una
duplicación de la misma melodía y no de diferentes melodías
ejecutadas simultaneamente.
La
pueblo vinculado al canto litúrgico, desde los primeros siglos de la
Iglesia Cristiana, cantaba entonces originalmente en octavas.
Algunas
veces, ciertas voces poco ejercitadas, llegando con dificultad a las
notas muy agudas o muy graves, instintivamente las sustituyeron en
la melodía por sonidos intermedios más accesibles, creando así una
nueva parte, formando con el canto principal un conjunto a veces
feliz, horrible las más de las veces.
Fue
sin duda observando este situación, que desde el siglo X, ciertos
músicos reconocieron la utilidad de determinar y de escribir estas
partes intermedias, reglamentando su yuxtaposición con la melodía
principal.
Resultó
en principio una suerte de acompañamiento paralelo en cuartas y
quintas –raramente en terceras- que se llamó diafonía u organum.
A decir verdad, estos primeros ensayos de melodías simultáneas son
de un resultado algo mediocre.
Los
progresos de la diafonía, durante más de tres siglos, parecieron
ser prácticamente nulos; ya que ejemplos del siglo XIII que han sido
conservados, presentan todavía aglomeraciones de sonidos totalmente
inaceptables para nuestro entendimiento moderno.
El
gusto por la ornamentación, muy desarrollado a partir de esta época,
hizo justicia con la diafonía y fue sustituyéndola poco a poco por
una forma nueva, más libre y artística, que puede considerarse como
la primer manifestación característica de la armonía.
Alrededor
del canto principal (cantus firmus) que las voces del pueblo
mantenían (de ahí tenor), cantantes ejercitados improvisaban
ciertas bordaduras, en forma dialogada, que fueron llamadas discanto
o canto sobre el libro.
Más
adelante, estas improvisaciones libres constituyeron formas
determinadas, que fueron señaladas por puntos diversamente colocados
contra otros representando la melodía principal.
El
contrapunto fue lentamente perfeccionándose; hasta el siglo XV, no
fue más que un arte casi rudimentario. Hizo falta la habilidad
genial de los maestros del siglo XVI para elevarlo hasta las formas
tan expresivas de la música polifónica.
Luego,
seguido de la búsqueda y el refinamiento exagerados introducidos en
la escritura contrapuntística, esta forma cayó en desuso; pero el
hecho de hacer escuchar simultáneamente varias partes vocales o
instrumentales diferentes, definitivamente ha subsistido, y no hay
duda que ha entrado en nuestro arte musical de una manera definitiva.
Este
uso, relativamente reciente, como lo hemos podido observar por esta
rápida exposición de sus orígenes, ha enriquecido la música
contemporánea con un elemento nuevo, considerado hoy muy importante:
la armonía.
La
armonía resulta entonces de la superposición de dos o más melodías
diferentes.
Es
recién llegando al siglo XVII, más de cuatrocientos años después
de los primeros intentos y ensayos de yuxtaposición melódicos, que
los teóricos comenzaron a discernir y a desprender de la polifonía
el verdadero principio generador de la armonía, es decir: el Acorde.
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Armonía Clásica Introducción 1
La
Armonía
nota: hay que tener en cuenta que los conceptos que siguen eran los tenidos por válidos en la Schola Cantorum hacia el 1897-1898. Claramente hoy en día resultan de un dogmatismo intolerable, y presentan una visión largamente superada.
Sin embargo es muy útil conocerlos ya que a pesar de su carácter fundamentalista , encierran parte de una verdad más amplia. Los avances posteriores amplían y no necesariamente invalidan todo lo anterior.
En el S.XX se han tomado caminos opuestos, y con grandes resultados, pero es interesante conocer también las ideas anteriores.
Nociones
Generales
Llamamos
Armonía a la emisión simultánea de varias melodías diferentes.
Esta
emisión simultánea origina combinaciones de sonidos a las que los
tratados de armonía le han dado el nombre de Acordes.
Siendo
la música un arte de movimiento y de sucesión, los acordes, en
tanto combinaciones de sonidos, no aparecen sino por el efecto de
detención del movimiento de las partes melódicas, de las cuales
están necesariamente compuestos.
Musicalmente,
los acordes no existen, y la armonía no es la ciencia de los
acordes.
El
estudio de los acordes como entidades aisladas, es desde el punto de
vista musical, un error estético absoluto, ya que la armonía
proviene de la melodía, y no debe jamás ser separada de su
aplicación.
La
notación representa la sucesión (melodía) en el sentido
horizontal, y la simultaneidad (armonía) en el sentido vertical.
Los
fenómenos musicales deben siempre ser encarados, gráficamente, en
el sentido horizontal (sistema de melodía simultánea) y no en el
sentido vertical, como lo hace la ciencia armónica, tal como se
enseña en nuestros días.
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jueves, 1 de marzo de 2012
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