miércoles, 2 de mayo de 2012

Armonía Clásica Introducción 10


Rol respesctivo del Armónico 3 (quinta) y del Armónico 5 (tercera) en la Géniesis de la Escala.

Quedan entonces los armónicos 3 y 5, que, con sus múltiplos, alcanzan a generar, no solamente el Acorde, sino todos los sonidos de nuestro sistema musical moderno.
Sin embargo, la importancia de cada uno de estos dos números es bien diferente en la génesis de la escala.
Si hacemos uso de hecho de la relación 5 (tercera mayor), no llegamos en absoluto a una escala completa.
En resonancia superior, por ejemplo, la tercera mayor de la tercera mayor (1/5 de 1/5) es un sonido nuevo (sol #, en relación al do primario) utilizable en nuestra escala; pero la tercera mayor (si#) de este último sonido reproduce bastante cerca (menos de tres vibraciones por ciento por segundo) una octava del sonido primario do, que nuestro oído no sabría apreciar la diferencia entre estos dos sonidos.
La misma operación practicada en la resonancia inferior, es decir de lo agudo a lo grave, no determinaría tampoco nuevos sonidos. Encontraríamos los mismos tres sonidos que previamente (mi primo, do y sol# o lab,) y más allá un fab, prácticamente imposible de distinguir del mi, octava del sonido primario.
Muy diferente es el resultado, cuando se opera con la más simple de todas las relaciones musicales, el número 3, la Quinta.
Tanto trabajando hacia lo grave como hacia lo agudo, cada quinta nueva (1/3 de la quinta precedente) produce un nuevo sonido, que, por una simple transposición de octava, viene a tomar lugar en nuestra escala cromática: es solamente después de haber generado doce sonidos de esta escala, que reencontramos por la vía de las quintas, el sonido final (si#, por ejemplo) confundido por nuestro oído con el sonido primario do, en virtud de esta tolerancia de afinación debida a la imperfección bien humana de nuestro órgano auditivo.
[Entre los sonidos obtenidos, sea por la serie de terceras (sol# tercera de mi, con respecto al do primario, por ejemplo), sea por la serie de quintas (sib, quinta grave de fa, con respecto a do primo, por ejemplo) y los sonidos temperados normales, no hay ninguna diferencia de afinación prácticamente apreciable. Hay solamente una brecha de cálculo puramente teórico, y sin ningún efecto notable sobre los mismos sonidos.
Es bien distinto sin embargo entre estos mismos sonidos temperados y los de los sonidos armónicos que nuestro oído rechaza, por los motivos que acabamos de exponer. Sus distancias de afinación son perfectamente apreciables, y tornarían impracticable una sustitución de unos por otros.
Podemos juzgar con el ejemplo siguiente:
En la octava media afinada con diapasón normal, el sib temperado, corresponde a un número de vibraciones igual a 460,8 por segundo: el sib de la serie de quintas difiere solamente por un poco menos de dos vibraciones, porque es igual a 459.
Este sib, quinta grave de la quinta grave, respecto del do temperado, soporta ya dos errores que se suman; la diferencia en esta octava, entre la quinta temperada y la quinta exacta no llegan a una vibración por segundo, sobre números que pueden variar entre 250 y 500 vibraciones.
La observación, incluso la más superficial, de la afinación de instrumentos de música nos revela alejamientos notablemente más grandes, ya sea entre dos ejecutantes, tocando o cantando lo más justo posible, o entre dos notas rigurosamente afinadas entre sí a la octava o al unísono, sobre instrumentos de afinación fija, como el piano, el órgano, la flauta, etc. y la limpieza de la ejecución no se ve perjudicada en lo más mínimo.
El séptimo armónico al contrario presenta, con respecto al mismo sib temperado, una diferencia que sobrepasa las ocho vibraciones por segundo, ya que es igual a 452,6. Es entonces notablemente más bajo, y ningún oyente toleraría sin protestar un alejamiento de esta importancia entre dos ejecutantes cualquiera de una orquesta o un conjunto vocal.
Este ejemplo, el cual podría aplicarse a todos los sonidos temperados, es suficiente para reducir a su valor toda una categoría de objeciones engañosas, elevadas por hábiles teóricos, en nombre de la exactitud matemática, con el objeto de invalidar ciertos principios físicos y metafísicos basados en las relaciones de las vibraciones, y principalmente sobre la ley de quintas.
La explicación racional de nuestro sistema musical por las doce quintas, no deja de perdurar como la más satisfactoria, entre todas la teorías a las cuales ha dado lugar hasta ahora la génesis de nuestra escala actual.]


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